PARTIDA EN FALSO
FERNANDO, me gritó desde el Kayak exaltado, FERNANDO, volvió a repetir, aunque yo era la 1ra vez que lo escuchaba.
-¿Qué pasa Pato ?- Le pregunté extrañado, flotando al lado de su kayak.
-Tenés que volver a comenzar. Hiciste una partida en Falso, me dijo sin entender mucho lo que estaba ocurriendo. Creo que no te vieron entrar al agua.-
Y con su ya característica forma de ser resolutiva que tiene, fue al grano nuevamente.
-Dale, volvé a la playa y volvé a entrar al agua y ya arrancamos. Andá hasta el final de la playa, toca la pared del fondo antes de salir. Dale Fer !!!-
-OK, vuelvo, le dije.- Aunque antes de comenzar a bracear para volver a la playa le comenté que me había cortado la cintura con una piedra al entrar al agua, que estaba en la zona de la rompiente, que no la había visto por que estaba todo negro y que me dolía mucho, que sentía que me había cortado, mucho.
-Bueno, no sé, no pienses en eso ahora- me dijo. Así que metí la cabeza en el agua y comencé a volver a la playa para arrancar nuevamente la prueba.
Estaba a 150m de la orilla ya, muy cerca del barco, que estaba inmóvil en ese lugar desde que habíamos llegado al punto de partida, hacía al menos una hora o así.
La noche estaba muy cerrada, cubierta por un manto de nubes que no permitía ver ni estrellas, ni una Luna menguante aunque casi llena. La lejanía de cualquier ciudad que contaminase lumínicamente esa playa hacía que en las condiciones que se encontraba, la oscuridad fuese total.
Volví nadando con calma hacia la orilla para prepararme a salir nuevamente. El golpe con la piedra había sido más que un golpe. Había pasado por encima de una roca, y sus puntas como si fuesen vidrios rotos, me habían rasgado y cortado la piel a la altura de la cadera izquierda.
Al llegar a la orilla, salgo por completo fuera del agua, y esta esta vez sí, totalmente iluminado por un potentísimo foco que venía desde el barco “Bottom Scratcher”, y que al encandilarme, si bien no me permitía distinguir ninguna sombra, ni figuras dentro del barco, he podido tomar noción del corte en la cintura. Al mirarme, veía como en no más de 1 o 2 minutos que habían pasado desde que había salido del agua, la herida sangraba y tenía la pierna con hilos de sangre que aprovechaban la piel mojada para escurrirse como si fuesen pequeños ríos rojos que llegaban hasta el tobillo. En ese momento no pensé ni en la herida, ni en las curas, ni en lo fría que se sentía el agua, ni en la noche. En lo único que pensé, con un tris de preocupación era en la relación que había entre una herida abierta y el olfato que podrían tener los tiburones debido a la sangre fresca.Y es que en esta zona del Pacífico, hay una fauna muy rica y poblada, entre los cuales se encuentra el tiburón blanco, motivo de pesadilla para el ser humano gracias a la obra maestra de Steven Spielberg, TIBURÓN, que casualmente este año cumplía 50 años desde su estreno.
Quité rápidamente ese pensamiento de mi cabeza, levanté el brazo, conté hasta 10, y me metí nuevamente en el agua, para arrancar, ahora sí, la travesía.
Si bien el agua estaba a 16 grados, y se sentía bastante fresca, el ardor que generaba el agua salada sobre la herida, lograba que no sintiese frío. Mama mía, como arde esto, pensaba, pero como cada vez que se me viene un pensamiento negativo a la cabeza, ejercito sacarlo de allí cuanto antes. Lo machaco, lo piso, lo expulso. No puede adueñarse en ningún momento de la cabeza, ni estar más de unos instantes allí, ya que se volverá mucho más fuerte.
DÍAS PREVIOS
La diferencia horaria entre LA y BCN son de 9 horas, así que habíamos decidido ir unos días antes, al menos 5, para adecuar las horas de sueño, o el reloj biológico que le dicen.
De cualquier manera, los días de adecuación previa, en nuestro caso son un mito. Un chiste. Una tomadura de pelo sin más. Lo suyo sería estar los días previos descansando, alimentándose correctamente y preparando la travesía tanto mental como logísticamente. La realidad suele ser bastante distinta, ya que las obligaciones no cesan cuando se acerca la fecha de la travesía; así que cada día estuvimos tanto Sergio como yo, trabajando, atendiendo reuniones y demás menesteres, levantándonos a la madrugada para minimizar los husos horarios de diferencia.
Al par de días de haber llegado, probablemente por la falta de descanso y la mala postura mientras trabajábamos, he sentido una molestia en la escápula derecha, que se fue incrementando con el tiempo.
También hemos aprovechado para nadar casi cada día, al menos un par de horitas y adecuarnos a la temperatura de la costa, que solía estar en unos 17/18 grados.
El día anterior a la travesía, como si fuese un rito, planificamos todos los avituallamientos. Un planning para soportar una travesía de casi 30 horas, cuyo objetivo principal era minimizar el trabajo de botellines dentro del barco.
Finalmente llegó el día de la travesía. Lo ideal para ese día hubiese sido levantarse a media mañana y descansar lo máximo posible, pero nuevamente las obligaciones se impusieron, y sobre las 6 de la mañana ya estábamos conectados, trabajando o atendiendo cosillas.
A media mañana me he obligado a desconectar por completo y me puse a terminar de preparar toda la logística de la prueba. Desde mirar que las gafas estuvieran en buen estado hasta el último check-point de los alimentos.
Después del almuerzo, hemos intentado sin éxito dormir una siesta; así que pronto se hizo la hora de salida, recogimos todo el equipaje y alimentos, lo subimos al coche y partimos. El recorrido hasta el puerto de San Pedro duraba más o menos media hora, y Sergio me dijo que condujese yo. Imagino que me habrá visto algo nervioso, y prefirió que me distraiga.
Mi incapacidad declarada para conectar el teléfono con el coche hacían que muchas veces conduzca yo, y que él se encargase de la logística de mapas y música. Una situación ya habitual.
El trayecto hasta el puerto fue más o menos rápido. Paramos en un super a comprar dátiles, ya que si bien los tenía dentro del plan de avituallamiento, prefería comprarlos a último momento, y así lo hicimos.
Una vez en el puerto, pudimos llevar toda la logística de los avituallamientos en un carrito de transporte hasta el Bottom Scratcher, que era el nombre del barco con el que navegaríamos. Bueno, mejor dicho, navegarían, ya que yo supuestamente estaría fuera, en el agua.
Una vez en el barco, ya allí se encontraba una parte de la tripulación y gente que nos acompañarían durante la travesía.
Algunos de ellos ya los conocía, ya que esta era mi 3ra vez en Catalina. Había ido en el 2019, cuando lo había dejado por frío. Luego había vuelto en el 2022, que había logrado acabar el nado entre la Isla de Catalina y la costa de Los Ángeles, y esta sería la 3ra oportunidad, intentando hacer el ida y vuelta, travesía que se antojaba realmente difícil, con una alta probabilidad de nadar más de 24 horas. Una verdadera locura.
Mantuvimos un briefing que llegó a durar 1 hora, entre la charla del Capitán (Kevin) y el jefe de los observadores (Don); y una vez acabada, expliqué yo 5 cosas al equipo que se había formado, y ya luego el barco zarpó con tranquilidad hacia el punto de partida.
Se tardaría 1 hora en llegar allí, así que me sugirieron recostarme en una de las varias literas que había en la embarcación para descansar un poco; momento que aproveché para llamar a casa para despedirme.
En la litera contigua estaba tirado Patricio, con quien habíamos cruzado juntos en el 2022 y lo considero un hermano, que estaba allí para cuidarme y ayudarme a que este proyecto se convierta en realidad. Junto con Sergio, estaba seguro que formarían un Team maravilloso a pesar de que ellos no se conocían.
Llegamos al punto de partida, nos avisa el Capitán, y comenzamos con los preparativos. No hay prisas, nos dijeron. Habíamos avisado que tardaríamos media hora en prepararnos, y no hubo ningún tipo de problema. El tiempo que necesitéis, nos dijo el Capitán.
Junto con Sergio embadurnamos el cuerpo con varias capas. Algunas de crema para el sol, otra para las medusas y una última para evitar las rozaduras y la exposición a la sal.
Una vez listos, Sergio le avisa al Capitán que en 5 minutos estamos para bajar al agua, y aprovecho para vaciar mi cabeza de pensamientos, concentrarme en lo que nos espera, visualizar una vez más el viaje que se avecinaba y respirar profundo.
Había pedido meterme al agua bajando por una escalerilla que había en popa para evitar tirarme de un zambullido como suelen hacer los superhéroes y que tan bien queda en las fotos. Sabía que estaba a 16 grados, y quería entrar poco a poco.
Patricio ya estaba en el agua con su kayak, y ya preparado, salgo al exterior. Algunos estaban bastante abrigados, otros no tanto. Hacía unos 16/17 grados también en la atmósfera seguramente, y me fuí directamente a las escalerillas, bajo poco a poco, me meto en el agua y comienzo a nadar hacia la costa para que una vez fuera, en la playa, totalmente en penumbras, pueda avisar que estoy listo y comenzar a nadar.

VISITAS
Hacía exactamente 1H20M que John, el 2do Kayakista estaba en el agua, o lo que era lo mismo, llevábamos 4H20M en el agua, por lo que debían ser cerca de las 3AM. El ardor de la cintura había dejado de estar presente, y ese dolor lo comenzó a tapar de a poco la sensación de frío. Sabía que llegando a la Isla de Catalina íbamos a estar cerca de 20 grados C, y que el agua iría subiendo paulatinamente desde los 16 grados C que había en la orilla en la playa de Palos Altos, en la costa de Los Ángeles.
Para ese entonces, a un ritmo de 3Km/h supongo que podría estar a 10 o 13Km de la costa, pero lo desconocía por completo ya que era de noche, en el medio del Pacífico, sin contaminación lumínica alguna, por lo que no tenía ningún tipo de comunicación visual con el barco, o mejor dicho con Sergio. Y por ende, no tenía ningún input, excepto mis sensaciones. Sergio me suele pasar info durante el nado, que me permite distraerme, informarme, saber como estoy … es genial. Pero a oscuras, nada de ello es posible.
Solo veía como velaba por mi nado, sin exaltarse en ningún momento, y observando con atención por si en algún momento surgía algo. Él está allí, como quien cuida a un paciente de hospital.
Todo iba razonablemente bien. Hacía frío, si. La subida de temperatura era como si no existiera, también era verdad. Pero el nado era suave y constante. El ritmo probablemente un poco más alto de lo habitual, concentrándome en hacer una patada un poquito más enérgica de lo habitual, para que el frío no me ganase el cuerpo con facilidad, y no mucho más.
La única señal que variaba un poco esta pseudo-monotonía era la de ver agitarse una luz química a manos del kayakista. Esa señal significaba que faltaba exactamente un minuto para avituallar, así que a partir de allí, contaba 1 minuto en mi cabeza, guiado a ciegas por las brazadas que podrían caber en el ciclo, y frenaba, me alcanzaban el botellín, bebía en un plazo de unos 20 segundos la poción de turno, cerraba botellín y seguía nadando. Just keep swimming. Era lo único que tenía en mi cabeza, interrumpido de vez en cuando por el omnipresente frío.
Hacía exactamente 1H20M que John, el 2do Kayakista estaba en el agua, o lo que era lo mismo, llevábamos 4H20M en el agua. La monotonía del nado, de la oscuridad, de la secuencia de brazadas, de repente se vio interrumpida por que veo debajo mío algo muy parecido a una tabla de paddle surf gigantesca de color gris viejo y poco uniforme, con una cierta convexidad, y una línea desigual de color blanca a los costados. La punta estaba adelantada como medio metro de mi cabeza, y la cola intento mirar para atrás, y me percato que no la veo. Hago cálculos, y pienso que son casi las 3AM, no hay nada de luz, todo está muy difuminado, pero intento esforzarme en dilucidar qué era aquello, pero me resulta imposible adivinarlo. Sigo observando con atención dentro de ese océano azul profundo aunque ahora sin luminosidad alguna parecía más negro profundo, y solo seguía viendo aquella tabla de paddle surf gigante.
Al acostumbrar mi vista a aquel cuerpo en profundidad, me doy cuenta que avanza a la misma velocidad que avanzo yo, y también confirmo que efectivamente no se ve el final, que se pierde en la oscuridad, pero sí que percibo que el ancho debía ser al menos tres veces el ancho de mi cuerpo. Quizás más, no lo sé. En ese momento sentí que era tres veces el tamaño del mío. Y que el largo, el largo era imposible saberlo por que no se veía el final debido a la oscuridad.
No paro de nadar en ningún momento. Miro al kayakista, y veo que está a 10m de distancia.
Probablemente me haya distraído yo y alejado sin querer, pero lo primero que pienso es que es él quien se ha alejado, así que hago lo que no había hecho hasta ese momento, frenar !!!.
Si. Freno, dejo de bracear, y le grito a Sergio antes de volver a nadar como si nada pasase: -”Decile al kayakista que se me pegue y que esté atento, que tengo un puto bicho acá abajo, pero YA”
Fueron tres minutos en total. De un momento para el otro dejé de ver aquella tabla de Paddle Surf, que indudablemente no lo era, y todo siguió su cauce. Seguimos braceando, probablemente a un ritmo de 58b/m, seguimos parando 20s cada 20m. Seguimos sintiendo el frío. Seguimos controlando las bebidas que tocaban durante el minuto previo a la parada. Cuando hubiese luz, e hiciese un poco más de calor, ya vendría algún sólido con sus paradas un poco más prolongadas.
Seguimos como si nada hubiese pasado.
Varios días después de la travesía, llegó a mi teléfono la foto de un animal marino que estoy seguro que era lo que había visto.

CATALINA
Sobre las 10.30 AM lo veo a Sergio prepararse para tirarse al agua. Las reglas son claras en este sentido. Se puede acompañar al nadador unas 6 horas por tramo, en ciclos máximos de 1 hora, y con 1 hora de descanso entre ellos.
Con esta reglamentación, ya habíamos nadado juntos bajando el Hudson hacía 1 año atrás, cuando hicimos la doble vuelta a Manhattan. Y me entusiasmaba la idea de volver a nadar un rato juntos nuevamente. No hay muchos distractores en el ambiente, así que observo detenidamente todo lo que pasa en el barco y como se prepara para lanzarse al agua. Al rato ya está nadando junto a mi, sin sobrepasarme, sin acercarse demasiado, cumpliendo a rajatabla la normativa. Aunque se que en el fondo ya le gustaría apretar, pero se porta muy bien, y va a un ritmo muy tranquilo, como el que yo llevaba en ese momento.

Vamos llegando lentamente a Catalina, llevamos más de 12 horas en el agua y me siento realmente cansado. Este primer tramo ha sido muy duro. El sol no se ha dejado ver en ningún momento, por más que la temperatura está siendo algo más agradable, tocando los 20 grados, la realidad es que no he logrado quitarme el frío del cuerpo desde el tramo inicial, en la Playa de Palos Verdes, la corriente en contra se ha hecho sentir en todo momento y la velocidad de nado ha sido algo baja, a pesar de que no me afecta mentalmente. Si tengo claro que en estas condiciones no se si será posible volver a nadar otros 33Km, otras 12 horas como mínimo.
El Bottom Scratcher se frena, hacen unos gestos desde el barco, que supongo que me estarán diciendo que siga adelante, y pienso si algún nadador les habrá dicho que no se entiende nada de lo que dicen. Supongo que no, ya que siguen haciendo gestos como si se les entendiera ….
Llegando a la isla, el kayakista nos guía para evitar las algas, las cuales están por todas partes. No quieren que nademos entre las algas. Y allí estaba Catalina, imponente, resplandeciendo ante la luz del día. La veía por primera vez iluminada. Podía reconocer aquella playa desde la cual había hecho mi primer intento en 2019, y mi partida del 2022, entre sonidos de lobitos y leones marinos. Pero ahora era muy diferente el paisaje. Playas de piedras, casetas a unos 100m de la costa, y un señor sentado en una banqueta de plazoleta, inmóvil, con su teléfono en la mano, grabando todo lo que estaba sucediendo. Vaya a saber hace cuanto estaba ese señor allí, observando la llegada de dos nadadores, dos kayaks y una embarcación de unos 40 pies. Con ese cuadro, llego a la playa, donde estaba Patricio esperando. Había extendido una toalla, y sobre ella había cosillas para mi. Desde crema de sol para volver a untarme, lanolina, vaselina, agua, un bocadillo diferente a todo lo que había ingerido hasta entonces, una sopa, etc. Pero lo más importante es que estaban ellos dos, Patricio y Sergio. Ambos, mirándome fijamente a ver como reaccionaba.
Ni bien salgo del agua, lo primero que hago es mirarme la herida en la cintura. Me dio mucha impresión. Estaba como cicatrizada con un hierro caliente. Estaba toda negra y magullada. No dolía, aunque tenía un punto de molestia y tiraba como si la piel de la herida quisiera volver a separarse. En fin …. seguí caminando y me senté sobre mis talones en la toalla extendida.
Me tomo un sorbo de agua y comienzo a comer un bocadillo con mermelada de fresas que sabía mejor que un buen asado con amigos. Trago y vuelvo a comer hasta devorarlo por completo. Ha sido sin duda el mejor bocadillo que he comido en mi vida.
Una vez acabado, solo atiné a explicarles a Patricio y a Sergio, que no me sacaban la mirada de encima como si fuese ET recién llegado a la tierra, lo que estaba pasando por mi cabeza, y con una franqueza de derribo les dije que dejaba en sus manos la decisión de intentar volver a Los Ángeles nadando, o en el barco. Que mi visión de los hechos es que este tramo había sido demasiado duro, y que de ser el 2do tramo igual al 1ro, era un hecho que no arribaría.
-Lo que ustedes digan, yo lo hago- les dije. Sin cuestionarlo.
-Pensarlo. Decirme algo así veo que hago.-

-Has nadado todo el tiempo con corriente en contra, es un día gris, sin sol, hace frío- me dice Sergio. -Todo esto que tuviste en contra, ahora lo vas a tener a favor. Vas a volar. Lo vas a disfrutar.- Trascartón me dice que se tiene que volver al barco, que lleva 45 minutos desde que se tiró al agua y que tiene que volver porque sino me descalificarán, así que se va sin pensarlo demasiado ni perder mucho tiempo.
Me quedo allí con Patricio un rato más, y me va diciendo que hacer poco a poco. Tomate esto, ponete crema para el sol, ponete lanolina, van 8 minutos, van 9 -Fernando metete en el agua y ponete a nadar. Cuidado con las algas al entrar. Vos nadá, que yo te espero en la playa para abrazarte. Vamos, vamos VAMOOOO- me dice. Así que me pongo de pie, y sin muchos más espectadores en la playa que el señor que se encontraba sentado aún filmando y Patricio me adentro en el agua y me pongo a nadar.
VOLVEMOS
El inicio de la vuelta desde Catalina fue realmente muy diferente al inicio en Palos Verde la noche anterior. Eran polos opuestos. Si habíamos partido de noche, ahora estábamos en pleno mediodía. Si nos habíamos encontrado rocas en la rompiente, ahora era una suave entrada al mar. Si hacía frío al inicio, ahora estaba bastante templado. Patricio me acompaña hasta la orilla, y señalando con su brazo como si fuese Colón señalando donde estaba América, me muestra el camino a seguir para esquivar las algas. Me sumerjo en el agua, y comienzo a nadar en dirección a John, el Kayakista de turno. El mismo que había estado en el momento de la tabla de Paddle Surf.
Al poco tiempo de comenzar a nadar sale el sol, y las sensaciones son no solo de alivio, sino de velocidad durante el nado. Lo notaba, sentía que la corriente iba a favor. Los primeros carteles que me mostraba Sergio, lo confirmaban. Estaba nadando casi a 4Km/h, que es una muy buena velocidad, y que solo soy capaz de alcanzarla en una travesía larga, si hay corriente a favor. Entrenando en una piscina, es una velocidad razonablemente baja, pero en una travesía es fantástica.
Sergio tenía razón …. La corriente estaba a favor.
En ese momento, y durante un par de horas al menos, sentía que Sienna había venido a nadar conmigo. Pero en vez de hacerlo como lo había hecho mi padre, durante la noche en mi primer cruce de Catalina en el 2019, ella esperó a que saliese el sol y cogiéndome de las axilas, me indujo a una levitación sobre la superficie que nos ayudó a volar. Fue un momento de muy buenas sensaciones, buen nado, buena velocidad, buena temperatura, todo iba a favor. Me sentía muy acompañado. Los tiempos tocando casi los 4Km/h se iban sucediendo uno tras otro. Pasó una hora, pasaron dos, y sabía que ya debía estar llevando 7Km desde la costa.
Pero como siempre puede pasar, las cosas cambian. El sol se fue tapando de a poco hasta desaparecer detrás de las grises nubes, y una brisa marina se comenzó a levantar, y con ello se nota que las corrientes cambiaron, por que la velocidad de nado cayó a la mitad a pesar de no haber variado el ritmo. En fin …. Deberían quedar 25Km aún, lo que podría significar unas 8 horas si el ritmo que llevaba ahora no variaba hasta el final.
Me cambian nuevamente el Kayakista. Se va John y entra Bárbara. Realmente Bárbara encaja muy bien en la travesía. Es muy buena compañera, se mantiene a una distancia prudencial, sintiéndola cerca constantemente, pero sin chocar en ningún momento con las palas. De tanto en tanto saca su móvil y comienza a disparar fotos, las cuales son un regalo al alma una vez acabada la travesía.
En esta ocasión, lo más destacado es que durante un buen rato nos acompañó un cardúmen de peces que nadaban a nuestra misma velocidad, y estaban ubicados justo debajo de su Kayak, así que estuve entretenido un muy buen rato mirándolos. La luz comenzaba a apagarse de a poco, no porque fuese tarde, sino porque cada vez estaba más tapado el cielo. Y el agua también iba bajando de temperatura.
El otro punto destacado de la presencia de Bárbara es que hacia el final de su recorrido comienzo a sentir que aquella contractura que tenía en la escápula derecha desde que había llegado a Los Ángeles, comenzaba a subir de tono.

PINCHAZO
El tiempo fue pasando, y el dolor en la escápula fue subiendo, cada vez más, hasta llegar a un nivel difícil de sobrellevar. El recobro. El problema era el recobro. Sentía una navaja clavada en la escápula, en cada recobro de la brazada del brazo derecho.
En ocasiones, solemos tener dificultades en la vida, de diferentes índoles. Siempre y cuando no esté en riesgo nuestra vida, y para sopesar ello, no solo hay que estar uno muy compenetrado con la situación y comprometido con la realidad, sino que además hay un grupo de profesionales observando que todo esté bien; pero la cuestión es que cualquier problema que estemos en condiciones de superar, nuestro cerebro lo superará.
TE LEVANTAN
Me llaman al orden …. Desde el Barco, me están llamando porque no me ven bien. Mientras iba nadando de a poco, en ningún momento pensé que me levantarían, pero Sergio no lo veía tan claro y creo que tenía cara de preocupado. Aunque lo creo por las conversaciones que hemos mantenido luego, más que por los recuerdos que tengo de ese momento, que son muy pocos.
Si que recuerdo que Don Van Clave, el capo de los Observers del Canal de Catalina, y presidente de la asociación, me dijo, Fernando, no te veo bien, y vamos a hacer un test cognitivo.
El test consistía en que hasta en tres ocasiones, me mostraría un número menor que 5, y yo debía responder con la suma hasta llegar a 5.
La ecuación es realmente muy sencilla, pero tiene trampa, o mejor dicho tiene trampas, porque lleva más de una.
La 1ra es que el agua está a 16 grados y llevaba ás más de 20 horas en el agua. Esto hace que probablemente el nadador esté sufriendo una hipotermia severa, lo cual coarta su capacidad de pensamiento y de articular las manos. Si esto pasa, PUM, para arriba. Al barco.
La 2da es que el tiempo de respuesta no puede ser muy lento. Debe responder de inmediato
La 3ra es que llevas muchas horas en el agua, y el agotamiento físico y mental puede que te juegue una muy mala pasada.
El tema es que venía nadando bien, a mis 52/54 brazadas por minuto, aunque con un puñal en la escápula debido al pinzamiento que llevaba y con un fresquito en el cuerpo poco alentador.
-Fernando, ven pa’quí- me hubiese dicho en un perfecto castellano que no hablaba, pero yo lo entendía así.
-Fernando, te van a levantar, ponte las pilas, y levanta el ritmo- me dice Sergio.
Ya casi pegado a la borda del Barco, logro contabilizar al menos a 8 personas allí mirándome fijamente. Patricio y John estaban en sus kayaks, en el agua, pegados a mi.
Don coge una linterna (por que ya era de noche nuevamente), se ilumina sus dedos y me muestra un tres, después de explicarme nuevamente las reglas de la sumatoria, y que si no respondía bien, me levantaría.
Yo tardé menos de 1 segundo para mostrarle la señal de la victoria, que daba un total de CINCO.
Sorprendido, Don decide no hacerme más pruebas, ya que ve que estoy bien mentalmente, pero me pregunta qué me está pasando; ya que he bajado hasta 40 brazadas al minuto y según él, eso era señal de una hipotermia grave.
Le explico, como puedo, que me dolía mucho la escápula. Que tenía un puñal, y que me costaba mucho nadar. Que no había nada que me logrease bajar ese dolor, que era brutalmente insoportable, y que no se lo deseaba a nadie.
Lamentablemente, mis mucosas ensangrentadas hicieron que todo lo que le expliqué no se entendiera nada, que fuera un sonido más de un orangután pidiendo auxilio en medio del océano que la de una persona razonable intentando calmar a los observadores para que lo dejen seguir nadando.
Al no entender, vuelve a preguntarme, y yo le vuelvo a responder como un orangután monosilábico, pero esta vez, enfadado.
Se tapa los ojos, creo que un poco para no llorar y otro poco para no reírse, y me dice que siga, pero que por favor vaya con cuidado.
Si si, pensé. Solo son 1.000 mts de profundidad lo que tengo acá abajo, no te preocupes que iré con cuidadín de no tropezar y caerme ….
Y allí seguí. Volví a nadar. Remontamos hasta las 54 brazadas nuevamente. Patricio me dijo unos días después, que iba llorando casi, sufriendo por mi, sabiendo del padecimiento que estaría pasando. Sergio, hablando con Charly, mi Doc que estaba a 15.000km de distancia y 9 husos horarios menos, para entender si podíamos tomar algún calmante que bajase el dolor.
Yo, pensando que esto es cuestión de horas, minutos, o lo que fuera, pero que si seguimos el esfuerzo habrá valido la pena. Tocar tierra no era un objetivo vanidoso. Tocar tierra era llegar junto a Sienna, y una manera de agradecer a La Casa de Sofía, por toda su entrega.
FERNANDO, ABRAZAME, ABRAZAME
Faltando escasos 2 km de la costa, la foto no estaba buena. Lo poco que recuerdo de ese último tramo era un constante auto-hostigamiento por la forma en la acabaría la travesía. Soy muy crítico respecto del verdadero significado de llegar a la meta. No es lo mismo llegar que arrastrarse. Creo que si no eres un deportista profesional, no merece la pena arrastrarse. La épica es un relato que no entra dentro del repertorio.
A pesar de ello, yo estaba viviendo en primera persona esa situación. Estaba agotado física y mentalmente.
Me han contado que a pesar de ello, nunca he dejado de nadar, nunca he dejado de bracear, buscando acabar con este bendito doble cruce.
Me han explicado que luego de mi bajón, probablemente acojonado por la probabilidad real de que me saquen del agua sin derecho a réplica, volví a nadar a mi ritmo de 52 brazadas.
Me han dicho que Patricio me ha acompañado en el tramo final gritándome desaforadamente durante una hora para que no decaiga.
Tengo unos pocos recuerdos de ese último tramo, y no son el cansancio ni el dolor, ya que seguramente mi estado hipotérmico y mi desconexión mental no me permitían registrarlos.
Recuerdo por un momento que el barco tenía todas las luces encendidas y tuve la sensación de que estábamos llegando a puerto, pero nada más lejos de la realidad, seguíamos acercándonos lentamente a la costa. Una brazada tras otra. Sin parar.
Recuerdo pensar que cualquier dolor que tuviese, tendría la fortuna de ser pasajero, que pasaría, sin más, en horas, días, pero pasaría, y me sentía afortunado por que así fuese.
En algún momento llegamos a la costa, no se cuando, pero el barco se quedó atrás, y nosotros tres (John, Patricio y yo) seguimos.
Tengo un vago, pero muy vago recuerdo de Patricio gritándome, alentándome para seguir unos metros más y llegar a la costa.
Se adelanta unos metros y sale hasta la costa, no sin antes dar giro de campana su kayak y pegarse contra una roca en la cintura, quizás la misma que me saludó al comenzar la noche anterior. Se recupera, se levanta y se va la dry zone, allá, a 20 metros de la orilla, esperando que yo llegase a hacer pié, que me levante y que me vaya acercando hacia el.
Y efectivamente así fue, esta vez no habían pececillos en el fondo del mar, ya que la oscuridad absoluta de la playa no permitía ver nada. La realidad es que toqué el suelo con la mano, sin tener noción de donde estaba, y seguramente ello me hizo frenar un instante e intentar levantarme, ponerme en pie, luego de 25 horas y media de haber estado nadando, de haber estado en posición horizontal.
Sin tener noción de lo que eso significaría, mi cuerpo atinó a ponerse en pie, y en ese mismo momento, la tierra comenzó a dar vueltas incontrolablemente y yo a balancearme de un lado al otro, semi-agazapado sin poder controlar el cuerpo. No veía, no sentía, pero si que escuchaba unos gritos desaforados de Patricio diciendo desde lejos: – lo lograste, abrazame, abrazame. Vení acá, acá, lo lograste. Abrazame, abrazame, lo lograste. Vení, abrazame. No paraba. En mi torpe andar, me llevo por delante el kayak, luego lo esquivo, y sigo avanzando semi agazapado, escuchando cada vez más cerca los gritos de Abrazame, abrazame.
Y finalmente es lo que hice. Llegué y lo abracé. Y en ese momento fue el final de una travesía que me ha dejado un sinfín de enseñanzas.
La que últimamente más se me repite en mi cabeza es que de lo único que no somos capaces, es de saber lo capaces que somos. Y de lo que más orgulloso estoy es que si bien he llegado a mis máximos a nivel de entrega, encontrando tiempo donde no lo hay para poder entrenar, intentando mantener un equilibrio mental, emocional y físico, donde todo es un desquicio, he logrado nadar nuevamente una travesía que está reservada para aquellos que se dedican a esto profesionalmente. Esto creo que es un mensaje muy potente para el 99,99% de los mortales, que como yo, convivimos con un entorno laboral y familiar muy exigente que condiciona mucho el día a día.
Salud !!
Le dedico todo el esfuerzo, pasión, dolor, amor, cariño, espíritu de lucha, entusiasmo, sueños a nuestra querida Sienna, que se ha ido demasiado rápido pero que seguirá presente en nuestros corazones hasta que nos volvamos a reencontrar.
Hasta finales de noviembre 25, tendremos abierta nuestra recaudación a favor de La Casa De Sofía, donde hacen un trabajo exquisito ayudando a transitar caminos que nadie merece transitarlos. Las aportaciones se realizan directamente en el portal de La Casa de Sofía, dependiente del Hospital Sant Joan De Deu en el siguiente link -> https://iniciativas.sjdhospitalbarcelona.org/p2p/1306/Brazadas-que-curan
Si quieres quedarte con algún recuerdo de esta travesía o de otras, podrás encontrarlo aquí -> CROWDFUNDING