Fernando Espina

Canal de Menorca – Islas Baleares

Hace unos cuantos años, cuando aún era un impúber, los domingos por la tarde solía ver en la tele un programa que se llamaba “el deporte y el hombre”, el cual recopilaba imágenes e información de deportes en general.
No tengo muchos recuerdos de ir a misa, pero lo que si es seguro, es que cada domingo mi hermano y yo nos poníamos a ver aquel programa religiosamente mientras mamá nos preparaba una buena merienda, o tiraba de alguna torta que hubiese preparado mi abuela el día anterior.

La realidad es que de aquel informativo deportivo, tengo varias cosas en la cabeza aún.

* La presentación del programa era una de ellas, ya que incluía unas imágenes espectaculares de unos aviones caza F-14 Tomcat en pleno entrenamiento militar. Por aquel entonces, la mejor manera de acceder a info era o bien recurriendo a la Enciclopedia Británica o bien tirando de la memoria del abuelo.

* Otro recuerdo es que el conductor (presentador) era un fanático del ski, al punto tal que terminó cambiando aquel programa en algo así como un resumen de clases y técnicas de ski. Lo aborrecía por ello, aunque tiempo después yo sufrí la misma transformación en mis gustos sobre el ski.

* Y hay hasta un 3er recuerdo muy presente, y este último está relacionado con los maratones. Antes de llenar el programa con imágenes de nieve, el presentador mostraba una debilidad hacia las maratones. 42 kilómetros con 195 metros corriendo, lo que para mi era una aburrida e interminable carrera. Francamente no tenía ningún tipo de conciencia de lo difícil y ardua que podría ser aquella empresa. Digo, de lo que era prepararse correctamente, y animarse a participar en una maratón.
De lo que si era consciente es de que nadie lograba bajar las dos horas para concretarla.

Mas de 30 años después de aquellas vivencias y luego de que hayan habido más de mil vueltas en mi vida, decidí volver a nadar, aunque esa historia creo que la he contado en algún momento, y si no fue así, ya llegará la oportunidad.

Como comentaba al inicio, el 3 de agosto, 17 personas, cada una con sus objetivos de vida, formas de ser, de pensar y de sentir distintos, pero con una afición en común, se han embarcado en un desafío titánico como es cruzar el canal de Menorca, que une las islas de Menorca y Mallorca.

42 kilómetros las separan a ambas en sus puntos más cercanos, Cala Ratjada en Mallorca, y el faro de la Ciutadella en Menorca. Una distancia que si lo hicieses corriendo, se puede hacer en algo más de 2 horas, quizás 3; pero nadando puede llevarte entre 10 y 14 horas, siempre y cuando el mar te lo permita, ya sea por cuestiones climáticas, como por su fauna.

Dejando de lado las asociaciones, y yendo a la prueba en si mismo, si bien no era la primera vez que el canal podría cruzarse, si que era la primera vez que lo intentaba hacer un grupo tan numeroso. Las complicaciones logísticas y de organización en general son innumerables.
Dicho esto, el grupo se ha separado en 3 pequeños sub-grupos, basando en principio la separación por sus distintos niveles de nado.
Uno de estos, estaba compuesto únicamente por 3 nadadores, y los otros 2 lo componían 7 personas cada uno.

Aquel domingo comenzó sobre las 4AM aproximadamente. Lo único que recuerdo de ese momento es que tenía mucho pero mucho sueño al sonar el despertador.
Desayuné algo, aunque el estomago estaba totalmente cerrado, y nos fuimos directo al puertecito de Cala Ratjada. Si bien la idea era salir sobre las 5AM, finalmente nos retrasamos una media hora con lo que sobre las 5.30am ya estábamos todos distribuidos en las 3 Zodiacs, los cuales nos acompañarían todo el trayecto junto con una 4ta embarcación que nos daría soporte médico si fuese necesario.
Aún era de noche. En realidad no había nada de luz, y estaba a punto de vivir mi primera experiencia de nadar en mar abierto, y totalmente a ciegas.
El agua estaba impresionantemente negra, y hasta que no te zambulles no tienes ni idea de lo que te puedes encontrar allí dentro.
Acompañados por unas lucesitas que hacían de balizas, las cuales destellaban cada par de segundos, y que iban sujetadas a las gafas, nos tiramos al agua, no sin antes tratar de apagar cualquier pensamiento negativo.
En mi caso, y dado que por la info que manejaba, era consciente de que el canal de Mallorca (que une Ibiza con Mallorca) estaba plagado de bancos de medusas, las cuales estaban migrando hacia donde nosotros estaríamos, opté por iniciar el cruce con guantes y calcetines de Neopreno. Decisión altamente criticable, pero decisión asumida al fin.
Las reglas mas puritanas de la federación dicen que hay que nadar solo con un bañador, homologado, pero esta travesía junto con sus resultados y consecuencias, los veía como un capital en mi haber, el cual es bastante más flexible que cualquier reglamentación impuesta.
Otro sería el cantar si buscase homologar el cruce, o eventualmente batir algún record, pero este no era el caso.
Antes de comenzar, los 17 nos juntamos en círculo e hicimos un minuto de silencio por aquellos que ya no estaban con nosotros.

 

 

Una vez terminado, nos separamos en los 3 grupos correspondientes y comenzamos a nadar.
Bueno, aquí comenzaba una nueva historia, llena de sensaciones y vivencias novedosas y probablemente irrepetibles.
 
Doy mis dos primeras brazadas y me freno. Es que no se ve nada !!!  La foto de ese momento que se fijaba en mi retina era un cielo lleno de estrellas, sin nubes, un montón de lucesitas verdes destellando a la altura de la línea de flotación, un faro a unos 500 mts que no paraba de dar vueltas iluminando a lo lejos, como si intentara indicarnos el camino a seguir, pero lo mas sorprendente eran las voces. Voces sin caras identificables de quienes estaban buscando su grupo de pertenencia, repitiendo incesantemente -quién eres ?, cuando veía un cuerpo cerca del suyo. Lo has visto a tal, o tal otro ? Este es mi grupo ? Perder el sentido visual nos anula a aquellos que tenemos la suerte de disfrutarlo.
Aquello terminó organizándose rápidamente, y nos volvimos a reagrupar correctamente comenzando a nadar lo más juntos posible, siguiendo a nuestra Zodiac como si fuese la estrella Polar.
 
Una vez en ritmo de nado me encuentro con novedosas sensaciones, y noto la que sería la mas maravillosa en ese momento, que seguramente la recordaré por un tiempo largo.
Y es que cuando nadas de noche ves estrellas. Si, si, estrellas. Pero no las del cielo, uniformemente colocadas en ese infinito muestreo universal, sino que ves estrellas en el mar.
Resulta que cuando braceas, por algún motivo que mi ignorancia al respecto no me permite explicar, al introducir el brazo en el agua se forman espontáneamente estrellitas alrededor del brazo.
Pero no unas pocas, sino decenas, minúsculas de color verde brillante, casi fluorescentes, y que al cabo de uno o dos segundos se apagan.
Fue lo mas parecido a estar nadando en un comic de Disney. Solo faltaba que apareciesen el Pato Donald o Mickey Mouse. Aquello era formidable e inolvidable.
Si bien podía haber investigado algo para entender que era lo que estaba viendo y por que se producía, prefería quedarme con ese ignorante pero maravilloso recuerdo.
Así que entre estrellitas, y un faro que no se mareaba nunca, seguimos braceando supuestamente hacia Menorca.
 
En la primera parada, solo tomamos agua, y aproveché para quitarme guantes y calcetines.  Comenzaba a vislumbrarse que aquel día 3 de agosto, también iba a salir el sol.
En la Zodiac iban dos personas para dar soporte. Digo soporte ya que no se limitan solo a darnos bebidas y alimentos, sino que están allí casi sin que les alcance el tiempo debido a las mil tareas que tienen que asumir para lograr mínimamente tener algo de control de la situación.
Una de ellas, era Eva. Mi cuasi hermana Eva. Persona a la que además de querer mucho, le he pedido encarecidamente que nos acompañe. Y vaya acierto y suerte que he tenido. Tardó un abrir y cerrar de ojos en congeniar con el grupo. Aquella armonía con el grupo fue grandiosa también, pero es una historia aparte.
Ya con mas luz sobre el agua, comenzó a verse con claridad el verdadero ADN de ese grupo de 7 mosqueteros acuáticos.
Parecíamos una piña nadando. A veces era una única hilera, todos nadando al mismo ritmo, como a veces apiñados pero emparejados.
 
Tiempo después Eva me contaba que se podía apreciar desde fuera la buena sintonía que tenía el grupo, y que hasta el mismísimo capitán de la Zodiac le daban ganas de tirarse a nadar con nosotros.
De repente, Pep; aquel Angel de la guarda que me sacó del agua al finalizar la Batalla de Rande en Vigo, ya que tenía mis piernas totalmente dormidas; para y frena al grupo.
– Qué pasa chato ? Fue la pregunta al unísono.
– Mirar para atrás. Replicó sutilmente.
Todos nos dimos vuelta y nos encontramos con un Mallorca ya bastante mas lejos, pero inmenso y claramente distinguible aún. Y un faro que a esa altura del día, seguramente estaba acabando su jornada laboral, a punto de ponerse a descansar.
-Que no volveréis a ver esta imagen, probablemente nunca mas. Replicaba Pep.
Nos quedamos unos instantes apreciando Mallorca desde lejos y desde el agua, y luego retomamos el curso.
 
Una media hora más tarde el Rey Sol comenzó a asomar por el horizonte. Un color amarillo furioso como nunca lo había visto, aunque algo opacado por el efecto visual del horizonte, se dejaba apreciar en todo su esplendor. Al no haber nubes, permitía presumir que la verdadera odisea, con el calor agobiante de agosto, aún no había comenzado.
 
 
De allí en mas, todo iba a ser nadar, disfrutar y seguir nadando.
Como ya me ha pasado en otras travesías, sigo pensando, creyendo y sintiendo que el ejercicio físico aeróbico repetitivo, en conjunto con una respiración profunda hace que entre en una especie de trance, lo cual hace muy llevadera y fluida la travesía, sin notar casi el paso del tiempo.
Aunque la realidad es que esto es así hasta que algún dolor físico o molestia en el cuerpo te quita la concentración.
 
El primer incidente que tuve fue que la excesiva salinidad del agua actuó directamente sobre mis fosas nasales. No había tenido esa sensación hasta entonces, y por más que haya intentado que no circule agua salada por las fosas, el dolor se tornó rápidamente en insoportable. Lo único que me calmaba era nadar con la cabeza fuera, pero aquello era inviable. No solo por el agotamiento a corto, sino por la factura que me pasaría a largo.
Vi con claridad y muy rápidamente mi prematuro abandono, habiendo nadado menos de 10 kilómetros.
El grupo se apiadó de mí, hicimos una parada antes de lo previsto, y en el mientras tanto, hasta llegar a la parada prematura, iba pensando como solucionar el problema para poder seguir. Ponerme un par de algodones era una muy buena idea, pero por suerte los planetas estaban alineados, y los Dioses de mi lado. Resulta ser que Toni, un gran nadador y amigo, pero mucho mejor ser humano, tenía entre su kit de supervivencia una pinza para nariz. Como las que se usan en nado sincronizado, o los que practican saltos ornamentales. Santa solución. Me la coloqué en la nariz, y si bien no me permitía hablar, realmente era la menor de mis preocupaciones en ese momento. Gracias Toni !!! Creo que no eres consciente de lo importante que ha sido tu ayuda en ese momento.
El dolor en las fosas se fue de inmediato.
 
Una vez resuelto el incidente, seguimos nadando con un mar maravillosamente tranquilo. Hubo un momento en el cual Mallorca terminó desapareciendo de nuestra vista y lo único que rompía la monotonía del agua son tus compañeros y la Zodiac. 
Solo hay agua y nada mas que agua !!!!! No importa a donde mires.
 
El tiempo fue transcurriendo. Se sucedieron algunos mareos, que son muy difíciles de sobrellevar, pero que con coraje y buena voluntad se iban pasando. También algunas cuestiones fisiológicas que eran nuevas sensaciones estando tan aislado de todo y en el medio del mar, a la que además hay que agregarle la situación de que se tiene el traje de Neo puesto.
Nuestras paradas, que solíamos hacer cada media hora, comenzaban a desvirtuarse y ya no eran lo que solían ser al principio. Creo que la que mas lo habrá sufrido fue Eva, a quien habíamos acostumbrado a pedirle por favor las cosas, y el cansancio acumulado hacía que ya comenzásemos a pedir las cosas con un dejo de reclamo.
En vez de preguntarnos entre nosotros mismo como iba todo, la gente pedía a los gritos medicamentos para evitar los mareos y sus consecuentes arcadas. En vez de mirar Mallorca, intentábamos vislumbrar Menorca con ahínco, pero nada …. Y así seguíamos acumulando cansancio, llevándolos algunos de nosotros muy bien, y otros no tanto. En particular, yo creo que me pongo muy quejón cuando estoy cansado. Como un niño cuando tiene sueño pero no se quiere dormir.
 
Con el paso de las horas y el avance de los kilómetros, mi mojón de referencia se fue acercando. Aquel punto iba a ser el kilómetro 30.  Y es que las dos pruebas mas largas que había hecho hasta ese entonces habían rondado esa distancia.
La Ultra-Ebre, bajando un tramo del Río Ebro durante 30,1 kilómetros, y la Batalla de Rande con sus duros 27 kilómetros en la Ría de Vigo. En ambos casos mi estado físico al terminarlas era patético, calamitoso, y deplorable, y por ello temía sobre como llegaría a ese punto.
Pero al llegar al kilómetro 30, mi satisfacción fue suprema. No solo estaba allí, sino que además me encontraba realmente muy bien.
 
Por aquel entonces, debido a la diferencia horaria, Buenos Aires comenzaba a despertar, y Eva no paraba de chatear contando como iba todo en el agua. BAires, Barna, Palma, Menorca y Gandía estaban alentando, sugiriendo, y preguntando sin cesar. Todos juntos en un grupo de chat comandado por Eva, y que en cada parada le consultaba por «BAires», haciendo referencia al grupo, con una clara necesidad de estímulo psicológico.
– Que tus amigos son flipantes; que ya me han invitado a comer asado; que Selina me dice que si o si comas algo y bebas; etc, etc. Mil cosas maravillosas que ayudan muchísimo más de lo que uno puede imaginar.
 
Con la travesía ya tan avanzada, lo único que pasaba por la garganta con forma de alimento era la miel. Es que las mucosas ya no existen, de lo resecas que se encuentran.
Era imposible tragar algún tipo de sólido o líquido. Pero esos diálogos con Eva en cada parada me daban muchísima fuerza. Era como tener a todo mi entorno arriba de la Zodiac, alentando e implorando que siguiese por más que la cosa se ponga muy cuesta arriba.
 
Después de aquel mojón de los 30 kilómetros, en el que descansamos algo más de lo habitual, retomamos el nado.
Ya el mar estaba algo más picado, pero teníamos el aliciente de que vislumbrábamos el faro de la Ciutadella en Menorca.  También hacía bastante calor y molestaba.
 
Aunque lo que comenzaba a escasear era el sentido del humor debido al cansancio. A pesar de ello, la sintonía del grupo no desaparecía. Me ha sorprendido las ganas, las fuerzas, y la capacidad de aguantar el esfuerzo sostenidamente y sin decaer que tenía el grupo.
 
Pero aquello que tanto temía, finalmente apareció, y lo hizo sin presentaciones previas.
Ni bien arrancamos luego de una parada técnica, con una bagaje de 9 horas dentro del agua (por lo que supongo que irían unos 32 kilómetros), comenzó una pequeñísima molestia en el hombro izquierdo.
 
Era claramente una inflamación que me debió estar pinzando algún nervio.
Aquello se volvió insoportable al termino de los 5 minutos, al punto que me quitó por completo del estado de trance en el que suelo estar cuando nado.
 
El dolor es muy agobiante, e hizo que baje mucho mi ritmo de nado. Cada uno de los que integraban el grupo se me han pegado cuerpo a cuerpo e intentaban darme ánimos tanto dentro como fuera del agua.
 
Pero aquello fue a mucho peor. El brazo izquierdo casi no podía bracear. Sacarlo del agua era muy doloroso y comencé a verlo muy claro, que al igual que en Rande y en el Ebro, el colapso físico sentía que sería inminente.
 
En la siguiente parada lo primero que hago es pedirle a Eva un desinflamatorio.
 
Como no se habían cumplido aún 5 horas desde el anterior, no solo no me lo dio sino que me dejó una frase sentenciada que no olvidaré: «Rubito, te he visto en situaciones peores. Aguanta media horita mas. Tu puedes»
 
Y yo por dentro que me cagaba en todo, no podía creer lo que me estaba diciendo. Estaba tratando de asumir la realidad, cuando siguiendo con su discurso «alentador» me dice que: – Baires se estaba despertando y no paraban de darme fuerzas.
-Selina me ha dicho que no te deje abandonar de ninguna manera. Así que ni se te ocurra pensar en subir a la Zodiac.
– Rubito, todo bien, pero el IBU en media horita, ok ?
Opciones no hay, así que a resignarse con la realidad, y a seguir.
Solo aguanto 20 minutos de nado continuado, habiendo bajado mucho el ritmo y escoltado por un conjunto de caciques a los que no podía desfraudar faltando tan poco.
 
Al llegar la parada una vez cumplidas las 10 horas le arranco de la mano a Eva mi IBU y me lo meto en la boca disfrutándolo casi tanto como una cucharada de dulce de leche.
 
Aquel dolor duró otros 30 minutos más, aunque iba mermando a medida que pasaba el tiempo hasta desaparecer por completo.
 
A diferencia del dolor que fue calmándose, el mar fue poniéndose cada vez mas virulento. Nadamos en ese estado 2 horas mas.
 
Aquel puntito negro, que se veía muy a lo lejos, sobresaliendo de lo que parecía ser Menorca, terminó transformándose en un faro que junto con la Zodiac nos servía de referencia indicándonos a donde ir.
 
Un tramo final con oleaje fuerte, acompañados también por la Policía, pero con un hombro más calmado, fue de lo más movilizante. Menorca estaba al alcance de la mano. 12 horas y 30 minutos tardamos en total para unir a ambas majestuosas islas.
 
Aquello superó mis límites conscientes de mi físico. Hasta no llegar, no tuve claro que lo iba a lograr. Estoy encantado de haber formado parte de ese grupo de 7, y de un grupo aún mayor de 17 personas que se dispusieron a llevar sus límites personales mucho más lejos de lo que pensaban, y lo consiguieron.
 
Una vez que llegas a puerto, ver a tus amigos esperando es como un placebo y un gran premio al esfuerzo. Lo mismo con quienes te esperan en Mallorca.
 
Mi enorme admiración a quienes integraron el grupo en el que nadé, els Escarmarlans (Pau, Oscar, Carles, Pep, Victor, Toni, y por supuesto Eva), como así también al resto de personas que lograron convertir su sueño en vivencia: Joan G., Marc C., Amadeo G., Oriol S., Mireia P., Popy, Taxto B., Jose Luís B., Jaime V., Oriol G.  y por supuesto a los Pallapupes.
 
 

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